Uno de los principales grupos de animales que atendemos en Clínica Nido Valencia son los reptiles. Generalmente acuden a consulta diferentes especies de tortugas, lagartos y serpientes. Prácticamente cada especie de reptil presenta particularidades en cuanto a sus condiciones ambientales, requerimientos nutricionales o estructura social, de forma que muchas de sus enfermedades están directamente relacionadas con el propio manejo en cautividad. Sin embargo, existen otra serie de patologías que también observan diariamente nuestros veterinarios.

A continuación mostramos algunas de las principales enfermedades más habitualmente diagnosticadas en estas interesantes especies.

  • Hipovitaminosis A: se trata de una enfermedad muy presente en la clínica diaria, sobretodo en quelonios asociados a entornos acuáticos. La deficiencia de vitamina A está originada por un desequilibrio nutricional. El retinol o vitamina A es fundamental para mantener la correcta integridad de los tejidos como la piel, mucosas, huesos u órganos reproductores. El principal signo de hipovitaminosis A es blefaroconjuntivitis (inflamación de los párpados y conjuntiva ocular), así como lesiones en boca, vías respiratorias u oídos.

  • Enfermedad ósea metabólica (EMO): también conocida como hiperparatiroidismo nutricional secundario, es la principal enfermedad metabólica de los reptiles. Se trata de un desequilibrio nutricional en el que existe proporcionalmente un déficit de calcio (debido a dieta baja en calcio o insuficiente aporte de luz ultravioleta) y un exceso de fósforo. Los reptiles que sufren esta enfermedad manifiestan malformaciones esqueléticas, debilidad de huesos largos y caparazón, alteración en el crecimiento, espasmos musculares, anorexia y estreñimiento, entre otros. Un diagnóstico y tratamiento temprano de esta deficiencia dietética permite mejorar el pronóstico de los pacientes afectados.

  • Gota: es la segunda patología metabólica más frecuente en tortugas terrestres, lagartos y serpientes. Esta enfermedad se caracteriza por la acumulación anómala de ácido úrico debido a una producción excesiva o bien a una eliminación dificultada por una patología secundaria (fallo renal, deshidratación, etc.). Este depósito de ácido úrico se puede producir en los órganos internos (gota visceral) o en las articulaciones (gota articular). Por lo general presenta mal pronóstico.

  • Patología respiratoria: su presentación no tiene manifestaciones clínicas tan evidentes como en mamíferos. Se puede asociar a pérdida de peso, deshidratación y apatía, en casos más graves cursa con respiración con la boca abierta o sangrado espumoso por cavidad oral. Algunas de sus principales causas son infecciosas (bacterias, virus, hongos y parásitos), aunque las enfermedades respiratorias también pueden estar asociadas a neumonías por aspiración, cardiopatías, obesidad, neoplasia, traumatismos o incluso alteraciones en la muda.

  • Distocia: la retención de huevos es un problema habitual en reptiles y las causas que lo originan son múltiples, algunas de ellas son: instalación que incapacita la puesta, alteración en condiciones ambientales (temperatura, humedad, fotoperiodo), déficits nutricionales, enfermedades metabólicas, malformaciones, prolapso, etc. Las pacientes que sufren distocia se muestran letárgicas, en ocasiones se observa distensión celómica, anorexia, estreñimiento y pueden llegar a producirse prolapsos cloacales.
  • Prolapso cloacal: un prolapso consiste en la exteriorización patológica de un órgano a través del orificio cloacal. Las estructuras que suelen prolapsar en reptiles son el oviducto, el pene, el recto o la vejiga. Las causas del prolapso varían en función del tejido afectado. A nivel general los prolapsos de oviducto están relacionados con distocias y salpingitis. Prolapsos rectales suelen asociarse a endoparasitismo, diarrea o estreñimiento. Los prolapsos de pene se producen por traumatismos, excesiva actividad sexual o hipocalcemia. Finalmente, el caso más extraño es el prolapso de la vejiga, que se relaciona con la presencia de urolitiasis.

  • Parásitos: muy presentes en la clínica de reptiles. Los ectoparásitos (externos) más habituales son ácaros (Ophyonsys natricis) y garrapatas. Los endoparásitos (internos) más presentes en reptiles son oxiúridos, ascáridos, coccidios, criptosporidios y ciliados de los géneros Nyctotheroides y Balantidium.

  • Virus: algunos de los virus más habituales en reptiles son adenovirus, iridovirus, herpesvirus, papilomavirus y paramixovirus.

  • Disecdisis: los reptiles se caracterizan por realizar muda de su piel cada cierto tiempo, el hecho de hacerlo denota un buen estado de la salud. No obstante, en condiciones de cautividad, es habitual el desarrollo de disecdisis o alteración en la muda. La mayoría de desencadenantes están relacionados con el manejo, por ejemplo: temperaturas inferiores a las requeridas, baja humedad, presencia de accesorios abrasivos, quemaduras, estrés o deficiencias nutricionales. La disecdisis también se puede asociar a enfermedad (ácaros, hongos, disfunción tiroidea…). En caso de observarse retención de muda o alteraciones cutáneas es recomendable la atención por un especialista, ya que puede desencadenar en patología sistémica.

  • Ingestión de cuerpo extraño: se trata de una complicación que se observa en todo tipo de reptiles, habitualmente está asociado a la ingesta exagerada del sustrato del terrario o de objetos subóptimos que el animal encuentra en su entorno. Entre otros síntomas, generalmente el paciente manifiesta anorexia e imposibilidad de defecar. No obstante, es importante considerar que bastantes casos de obstrucción digestiva se describen asociados a otra patología subyacente.

  • Traumatismo: las tortugas son los animales que más comúnmente sufren caídas verticales, así como atropellos con vehículos. La consecuencia directa suele ser fractura del caparazón, sin embargo, es recomendable que la mascota sea revisada por un veterinario aunque no haya lesiones externas evidentes. Contusiones pulmonares y daño a órganos internos también se asocian a este tipo de traumatismos.

  • Quemaduras térmicas: a diferencia de otros animales, muchos reptiles se albergan en cautividad en un entorno que requiere un aporte externo de calor. Una consecuencia directa del manejo es el desarrollo de quemaduras por sobreexposición de focos de calor o mantas térmicas.

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